Bajé del tren, me sentía agotado, el viaje había sido largo y lento, y, aunque había estado observando a través de la ventana unos paisajes preciosos, llenos de vida; vacas que pastaban, granjeros que trabajaban, árboles que pasaban uno trás otro ante mi vista, casas pequeñas como de juguete, con bonitos tejados, aves que cruzaban el cielo, en fin, que tuve entretenimiento visual todo el tiempo. Aún así se me había hecho lento y pesado. Ese señor de enfrente no paraba de mirarme. Todo vestido de blanco, parecía escapado de alguna secta.
Allí estaba, por fin había llegado. Estaba plantado en medio de la estación, de puntillas mirando a un sitio y a otro, hasta que decidí acercarme a un banco, dejé las maletas en el suelo, me subí y oteé todo a mi alrededor durante un rato, nada, ni rastro.. no ha llegado todavía, pues, será cuestión de relajarse hasta que llegue, supongo que no se retrasará demasiado, debe de estar al llegar.
Me tumbé en el banco, coloqué las maletas bajo mis piernas y me quedé mirando al techo, primero inconscientemente, casi sin fijarme, pero a medida que iba pasando el tiempo me iba dando cuenta de que todo a mi alrededor dejó de importarme, ya no oía a nadie, para mí habían cesado las voces, el techo me pareció muy interesante, tenía cantidad de largueros de hierro que sujetaban el tejado de latón que era el techo de la estación. Esas tiras de hierro me recordaban a las estrías de mi tía Angulosa.
Mi tía Angulosa era enorme. De pequeño, me levantaba del suelo y me sentaba en su falda, parecía que me estaba sentando en el sofá más cómodo que hubiera podido imaginar mi cabecita de 7 años, era un gustazo estar allí, me hubiera pasado la vida entre sus carnes. Me sentía seguro, calentito, protegido entre sus enormes ubres. Pero luego le vino la fiebre de las recetas, remedios y dietas para adelgazar y ya dejó de ser esa "cosa" mullidita entre la que me hundía, se quedó en piel y huesos. Era pura estría, toda su piel eran arrugas o estrías. Pobrecita, que triste acabó, yo creo que ni ella ni nadie soportaron verla así y acabó muriendo de pena por no volver a ser la que era.
Uy, que golpe, que susto! ah! ya ha llegado mi amiga, se me había ido el santo al cielo completamente, por un momento no sabía donde estaba ni que hacía allí, ni quien era esa tia que me zarandeaba...
Besos, abrazos, más besos, palabras de bienvenida. Compartimos los bultos y venga, al tren subterráneo. Verás que en metro se llega rapidito a casa. Que bien y que extraño me siento, de nuevo aquí, años más tarde. Yo pensé que jamás volvería a este lugar, y mucho menos a pasar una buena temporada, buscar trabajo etc... en fin, a empezar de nuevo como hace... cuantos años hace? unos 10, 15, sí, por ahí debe de andar. Madre mía, cuanta gente entrando y saliendo, mi amiga me explica que estamos en una hora punta, que no me debe de extrañar, ya me iré habituando, no me quedará otro remedio.
Cuanto tiempo sin coger un metro, ya no me acordaba de lo gracioso que me resultaba ver las caras serias de los habitantes de esta lata de sardinas, van todos en su mundo, como abducidos, me miran de reojo, ellos no quieren que piense que les parezco un individiuo digno de atención. Pues yo les miro sin parar, es divertido observarles, actúan de diferente manera cuando se sienten observados, aquel señor de allí se está poniendo cada vez más nervioso, que curioso, tiene cierto parecido con el que iba en el tren. Mi amiga empieza a hablarme y ya dejo de mirar al señor de blanco para mirar a mi amiga, le cuento lo que estaba haciendo y nos reímos juntos un rato.
Ya hemos llegado.
Esto es increíble, hace un día precioso, soleado, que bonito, que recibimiento, esto no me lo esperaba, cuanta luz, incluso me molesta, tengo que mantener los ojos cerrados. Debo tener una cara de lo más estúpida; los ojos cerrados y una sonrisa enorme, ah, por fin! ya puedo abrirlos, ya se han habituado a la luz. Mi amiga y yo nos hemos dado la mano, estamos casi corriendo, está todo muy lindo, y la calle por donde vamos ahora mismo está llena de florecillas aquí y allá, sí, lo había olvidado, había olvidado lo bonito que era esto, sobre todo con uno de estos días que escasean tanto por aquí. Ojalá dure unos días más o incluso meses, pero ya eso es mucho pedir. De todas formas yo no vine aquí por el clima, yo he venido... bueno, aún no lo sé muy bien, pero definitivamente no ha sido por el clima. Bueno ya está bien, hay que aporvecharlo. Hay que aprovechar este día. No sé si mi amiga habrá planeado algo. Primero veré mi habitación, conoceré al casero, dejaré mis maletas y me iré por ahí, solo, si hace falta, a lo mejor ella tiene cosas que hacer, lo que no quiero es que se esté agobiando por mí, es lo último que desearía, no tiene que hecerse cargo de mí, yo me las sé apañar solo, además viví aquí antes que ella, sé como desenvolverme. Sí, eso es una de las primeras cosas que tengo que hablar con ella, yo le pediré ayuda solo cuando sea estrictamente necesario, el resto de las veces me las arreglaré solo, sí, eso es. Esta tarde mismo, tomándonos un té o un café, no, no debo tomar té ni café, no debo hacerlo... pues tomando... un vaso de agua le diré todo lo que estoy pensando ahora, para restarle obligaciones. Parece ser que ya hemos llegado a mi habitación.
La entrada de la casa me ha gustado mucho, siento que me va a gustar mucho vivir en este lugar. Se nota un ambiente fresco y cálido a la vez nada mas entrar, no sé como explicarlo, pero me siento cómodo, casi como en casa. Bien.
Dice Chavela, mi amiga, que ella misma me lo enseñará todo, que el casero no está, y que es posible que no vuelva en unos días, que no me preocupe por el dinero que él no se apura por cobrar, en realidad que no me preocupe por nada, que me acomode y me relaje mientras ella prepara un par de infusiones, a no ser que yo prefiera otra cosa, pero le he dicho que la infusión estará muy bien. Mi habitación también me gusta mucho.
El señor de blanco está fuera, me ha venido siguiento, aparece en todas partes. Ahora le preguntaré que hace siguiéndome. Viene con algo en las manos, una jeringuilla. Ella sonríe, muy agradable. Pero, Chavela, es que no piensas hacer nada? No solo no me ayuda si no que además me remanga la camisa.
Enfermera: Ahora descansará toda la tarde, son órdenes del doctor. Estos primeros días son solo para descansar, dejar atrás todo lo ocurrido. Aquí está seguro, a salvo, no dejaremos que le pase nada. En cuanto llegue el doctor, le atenderá.
Yo: Este sitio es muy bonito.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario